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¿Alguna vez te preguntaste por qué comer ensalada antes de una comida “calórica”? Tal vez pensaste que es para llenarte, gestionar la ansiedad, y así comer menos después. Si bien esa lógica aplica, hay una razón científica más profunda detrás de esto.

Comer verduras crudas y con cáscara antes de las comidas que contienen almidón (carbohidratos, que al digerir convertimos en glucosa/azúcar) como por ej. pasta, papa, arroz, tartas o empanadas, puede tener un impacto positivo en tu metabolismo.

Varios estudios han demostrado que la secuencia en la que consumimos los alimentos modula lo que sucede en nuestro cuerpo después de comer.

¿Te pasó alguna vez que después de una comida pesada sentís un sueño profundo o, al contrario, un hambre insaciable poco después? Esto se debe a cómo nuestro cuerpo maneja la digestión y los niveles de insulina y glicemia postprandial, es decir, después de comer.

El papel crucial de la insulina y la glicemia

Cuando consumimos directamente alimentos ricos en almidón sin acompañarlos de vegetales, el impacto sobre la glicemia y la insulina es mucho mayor. Esto puede llevar a que sientas más hambre poco después, más pereza, letargo y fatiga. También puede afectar negativamente la forma en que tu cuerpo metaboliza estos alimentos, haciendo más probable la acumulación de grasa.

Si sos mujer en peri o post menopausia (+40, +50), esto es aún más importante porque tu equilibrio glicemia-insulina ya está desafiado por la revolución hormonal de esta etapa.

¡No subestimes el poder de las verduras!

Incluir una ensalada antes de la comida, especialmente con verduras crudas, puede cambiar este escenario. La fibra en las verduras compite con los carbohidratos, ralentizando su absorción y mitigando los picos de insulina y glicemia.

Así, comer una ensalada pequeña antes de disfrutar de una pizza o un plato de pasta no solo ayuda a gestionar mejor el almacenamiento de grasa, sino que también mejora cómo te sentís después de comer.

No todo es sobre cantidad

Comer con inteligencia no se trata solo de porciones. No cometas el error de pensar que evitar la grasa abdominal o los rollitos en la zona del sostén se logra únicamente reduciendo la cantidad de comida. Incorporar verduras antes de las comidas puede ser una estrategia efectiva y científicamente respaldada.

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Disfrutar con equilibrio

No se trata de eliminar los placeres de la vida, sino de encontrarlos con equilibrio. Podes seguir disfrutando de las comidas que te hacen feliz, como una porción de pizza, pero acompañarlo con una ensalada puede ser una buena estrategia. Esto no solo ayuda a controlar mejor los niveles de insulina y glicemia, sino que también te permite disfrutar sin culpa y con menos impacto negativo en tu salud y peso.

¿Funciona igual con frutas?

No exactamente. Aunque las frutas son saludables, contienen azúcares que pueden aumentar la glicemia. Se recomienda más una ensalada de verduras antes de una comida.

¿Y si mezclo verduras con pasta?

Esta es una buena estrategia. Ajustar la porción y acompañar la pasta con muchas verduras puede ayudarte a controlar mejor tu peso. No se trata de eliminar la pasta, sino de comerla de manera inteligente.

Si te cuesta controlar el peso o tendés a comer en exceso, incorporar estos hábitos puede ser un cambio positivo. No se trata de limitarse y restringir, sino de aprender a comer de manera que tu cuerpo lo agradezca y disfrutes de cada bocado con bienestar.

Recorda que la clave es disfrutar de los pequeños placeres todos los días, no solo asociarlos a días específicos, como los fines de semana.

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