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1. Creencias limitantes

Siempre escucho frases como “no puedo”, “no tengo voluntad”, “no sirvo para esto”, “siempre fue así”, “a mi edad ya no se puede”, y “cuando era joven yo…”. Todas estas son creencias limitantes y representan las razones principales por las que muchas personas retroceden en cualquier proceso de cambio de hábito.

Déjame recordarte que la voluntad, en relación con la gestión del peso, deja de ser estrictamente voluntaria. La grasa corporal, una vez acumulada, es metabólicamente activa; por lo tanto, no está solo ahí para molestarte en cuanto a cómo se ve la ropa.

2. Falta de motivación

La motivación se define básicamente como el impulso dominante que te lleva a poner en marcha una acción, mantenerla y dirigirla hacia una meta. En mi opinión, creo que más difícil que encontrar la motivación es mantenerla. 

La desmotivación puede ser causada por distintos factores, como la falta de confianza, el tedio, la falta de claridad en los objetivos, el agotamiento al enfrentar demasiados desafíos simultáneamente en diversos ámbitos y la falta de reconocimiento.

Objetivos…

Tener claros los objetivos es clave. Cada vez que tengo el primer contacto, ya sea presencial o virtual, les recomiendo que se hagan las siguientes preguntas:

“¿Qué estoy buscando?” “¿Cuáles son las prioridades?” “¿En qué orden tengo esas prioridades?”

Esto se debe a que si consideramos que todo es una prioridad, no te dará la VIDA, y ahí es cuando llega la desmotivación y la frustración. En cambio, priorizar los objetivos y abordarlos uno por uno es mucho más inteligente y no implica sentir que no estás haciendo nada.

Calidad de sueño

El AGOTAMIENTO también conspira contra la motivación. Esto se debe a que la calidad del sueño no solo aumenta el metabolismo, sino también el enfoque, la determinación, la capacidad de tomar decisiones, todos estos factores que finalmente influyen en que la motivación no se pierda.

3. Evaluar el progreso

En cuanto a este aspecto, quiero recordarte que el progreso no solo se mide subiendo a una balanza. Tiene muchos aspectos previos al número final; indicadores como lograr establecer prioridades, organizarte adecuadamente, dormir las 8 horas, llevar una botella de agua y la vianda a la oficina.

Estos son indicadores muy valiosos de que estás haciendo progresos y estás en el camino correcto, mas allá del número que aparece en tu balanza al final del día; si no pudiste activar en ninguna de las acciones, ¿para qué te subís a la balanza? Ahí es cuando decís, estoy buscando que suceda magia.

Y vos ¿también esperas magia cuando te subís a la balanza? Contame en los comentarios, te voy a estar leyendo!