“Mandale este episodio… así, con suerte, se da cuenta.”
Eso me dijo Florencia, mientras me contaba con una mezcla de angustia y cansancio que ya no sabía cómo explicarle a su pareja lo que le estaba pasando. Que no era él. Que no era ella “poniéndose densa”. Que había algo real, profundo, incómodo y difícil de poner en palabras.
Y ¿sabes qué? No fue la única. Cada vez escucho más mujeres decir frases como:
“Él me ama, pero no me entiende.”
“Le explico, pero no le llega.”
“Se cree que es personal.”
Y claro. ¿Cómo va a entender algo que nunca nadie le explicó?
Si preferís, podes ver mi video en YouTube sobre este tema:
La menopausia no es solo tuya. Es algo que viven todos los que te rodean.
A veces creemos que estos cambios que estamos atravesando son un asunto privado, algo que hay que resolver en silencio, con dignidad, con discreción. Como si tu pareja, tus hijos, tu entorno no pudieran (ni debieran) ser parte.
Pero la verdad es que sí les impacta, aunque no tengan palabras para decirlo. Lo ven en tu cara cuando no dormís, en tus gestos cuando te sentís irritada, en tu falta de ganas de conversar, de estar, de tocar, de ser tocada.
Y si ellos no entienden qué está pasando, es fácil que se sientan rechazados, desplazados o culpables. Aunque no sea por ahí.

El problema no es el amor. Es el desconocimiento.
No es que no te quiera. Es que no sabe cómo ayudarte. No entiende por qué estás distinta. Cree que hiciste algo raro, que tenes otro problema, que te cansaste de él.
Y vos te cansaste de tener que explicar lo inexplicable.
Porque cuando una se está transformando por dentro, cuando las hormonas te reescriben el cuerpo, la cabeza, el deseo, lo último que necesitas es tener que justificarte por no estar como antes.
Pero ellos no lo saben. Porque nadie les enseñó lo que era la perimenopausia. Ni el impacto que tiene en la vida cotidiana. Ni las mil formas en que te puede afectar aunque no se vea.
No, no es que te volviste «imbancable»
Esa frase. Esa. Seguro la escuchaste. O la pensaste. O la dijiste de vos misma. Pero no, no estás loca, ni desequilibrada, ni exagerando. Estás pasando por una etapa biológica con nombre y apellido. Que implica cambios físicos, emocionales, sexuales, y sí, también vinculares.
No es tu culpa. Pero tampoco es culpa de él.
Lo que falta no es amor. Falta información. Falta escucha. Falta que alguien le diga lo que vos ya no tenes fuerzas para explicar.
No funciona callarse. No funciona aguantar. No funciona evitar la conversación incómoda.
Queremos que ellos nos acompañen, pero sin saber qué está pasando, ¿Cómo van a poder hacerlo bien?
Y ojo, tampoco alcanza con que digan “te amo como sos” si vos no sabes quién sos ahora. Porque hay días en que ni vos te reconoces.

Eso no se arregla con un piropo o con un ramo de flores. Se acompaña con presencia, con respeto, con información. Y sí, con ganas de escuchar de verdad.
Hay formas mejores de transitar esto. Pero no se descubren a ciegas.
Sí, hay soluciones. Médicas, terapéuticas, afectivas. Hay herramientas que ayudan a reconectar con el cuerpo, con el deseo, con la autoestima. Pero no las voy a regalar acá.
Porque no se trata de “hacer lo que hizo fulanita”. Se trata de entender qué necesitas vos, en tu cuerpo, en tu historia, en tu momento.
Y también se trata de que quienes te rodean puedan entenderlo con vos.
No estás sola. Y no sos la única que necesita que él entienda.
Si sentís que no sabes cómo explicar lo que te pasa, si lloras sin motivo y después te reís sin ganas, si no tenes fuerzas ni para hablar de esto… sabe que esto le pasa a muchas. Y que podemos empezar a cambiarlo hablándolo.

¿Te gustaría que él lo entienda mejor?
Compartí este post con esa persona que te quiere pero no sabe cómo ayudarte. Capaz esto le diga lo que vos no pudiste poner en palabras.
Y si te pasó algo parecido, contalo abajo. Porque hablar entre nosotras, y hablar con ellos, también es salud.

